El Viejo Estado indio, dirigido actualmente por el Partido Popular Indio (BJP por sus siglas en inglés), ha hecho todo lo posible por interrumpir, aplastar y eliminar a la insurgencia popular desde 1967. India es un país que, desde la ocupación británica hasta el día de hoy, está en el último eslabón económico debido a sus condiciones semifeudales y neocoloniales producto del imperialismo. Desde hace años se encarga de exportar materias primas en bruto y mano de obra barata. Es por ello que las empresas transnacionales siempre han tenido un gran interés en los recursos del suelo indio, y el primer ministro no dudará en venderlos. Los bosques de la región de Jharkhand poseen grandes recursos como el carbón, el mineral de hierro y la bauxita, y empresas como Jindal, Usha Martin, Rungta Mines y Adani Enterprises están interesadas en realizar extractivismo. Pero existe una piedra, un limitante, un obstáculo para Modi y sus intereses económicos. Esa resistencia es tanto el movimiento maoísta como el campesinado adivasi, quienes son considerados por el gobierno como obstáculos que hay que eliminar.
Desde enero de 2024 hasta el pasado marzo de 2026 se realizó uno de los golpes reaccionarios más sangrientos, inhumanos y genocidas contra el movimiento maoísta. La Operación Kagaar (guerra final) fue el último intento del Viejo Estado por depurar a india de los insurgentes. Un informe de la Unión Popular por los Derechos Democráticos indica que la cifra de víctimas de esta operación sobrepasa los 600 muertos, además de 487 arrestos y 1496 supuestas "rendiciones". Pueblos enteros de Adivasi eran masacrados incluso si estos no tenían cómo defenderse. Si bien la Operación fue un rotundo fracaso para el gobierno indio, el coste de camaradas fue gigantesco. A pesar de haber fracasado, Modi afirma haber "eliminado a los naxalitas de India", al mismo tiempo que negaba que tal conflicto existía.
Sin duda el movimiento maoísta continúa a pesar de las vicisitudes, el Partido Comunista de la India (Maoísta) ha demostrado que la fuerza de la historia está de su lado, de nuestro lado, del lado de los explotados. Todo pueblo que ha sido dominado tiene derecho de ejercer violencia revolucionaria. El viejo Estado piensa tener el monopolio de la violencia, cree que puede aplastarnos, quemarnos, que puede encender su antorcha mientras no permite al pueblo encender ni un cerillo. Sin embargo, el movimiento maoísta en India nos deja en claro que su antorcha es imposible de apagar. Que el pueblo se mantiene en pie.
Ahora, si bien la Operación Kagaar ha fracasado, el reaccionario gobierno de Modi continúa reprimiendo de todas las formas que puede a la insurgencia. Recientemente, el pasado 28 de julio fue arrestado Misir Besra, gran dirigente del PCI (M), así como a otros dos miembros maoístas. En lo que va de 2026, las fuerzas de seguridad han detenido a 93 maoístas y han asesinado a 22 rebeldes maoístas en lo que, según afirman, son “encuentros”.
Paralelamente, el Frente Estudiantil Revolucionario (RSF) organizó el pasado 30 de julio un programa de conmemoración en honor a los mártires del movimiento comunista caídos en la operación Kagaar, en lo que se conoce como "La Semana de los Mártires". El RSF hizo un llamamiento a las organizaciones e individuos revolucionarios, progresistas y democráticos de todo el mundo, manteniendo vivo el espíritu revolucionario.
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